Patrimonio Histórico
Castillo de Jódar
La UNESCO en su libro “Patrimonio Cultural Europeo”, publicado en Madrid en 1974, decía que la iglesia, junto al castillo, y calles del Alhorí e Isabel la Católica, son monumentos a conservar.
La historia del castillo de Jódar es la propia historia de la actual ciudad de Jódar. Después de siglos de luchas y de olvido, se siguen alzando sobre la población sus dos grandes torres del homenaje, en estilo mudéjar que no musulmán, como insigne nave de la historia, baluarte del tiempo. El castillo de Jódar es parte fundamental de la historia de Al Ándalus y de Castilla, y enclave de suma importancia para el devenir histórico de la Cora y del Santo Reino de Jaén.
El escritor e historiador Eslava Galán dice que “la mayor concentración de castillos se localiza en la provincia de Jaén ya que está considerada, junto con Siria y Palestina, el lugar del mundo con mayor número de torres, atalayas, fortalezas y castillos por kilómetro cuadrado debido a su ubicación estratégica en todas las etapas históricas, como paso de caminos”.
Si los enclaves defensivos comenzaron como simples empalizadas de madera, en el mejor de los casos, con el tiempo se fueron desarrollando como centros de poder y gobierno de la tierra que los circundaba. Entre la historiografía actual existen dudas sobre la antigüedad del castillo, que los antiguos historiadores lo databan como íbero o romano, en base a las lápidas con inscripciones halladas en la fortaleza. No consideramos que sea el más antiguo de la provincia, los estudios arqueológicos e históricos de otras fortalezas así lo atestiguan, pero tampoco descartamos que sea uno de los enclaves más antiguos. La actual historiografía tampoco descarta su construcción en una etapa preislámica, ya que son muchos los testimonios arqueológicos encontrados en la zona y las vías de comunicación existentes desde la época romana. Jódar fue paso natural de comerciantes, ejércitos y viajeros, desde la prehistoria hay testimonios muy claros y precisos de la presencia del ser humano en esta tierra, su posición estratégica, su orografía, la fertilidad de la tierra y su riqueza de agua contribuyó a ello.
Algunos supusieron que las lápidas halladas en la fortaleza procedían de las cercanas ruinas de Xandulilla, cuando el castillo fue reconstruido por el incendio sufrido con motivo de la guerra de las Comunidades de Castilla en 1520, estudiadas las fuentes documentales consta que el castillo fue levemente dañado por proyectiles incendiarios y sólo el arrabal llamado “Andaraje” sufrió la destrucción, por lo tanto no pudo ser destruido y reconstruido con esas piedras traídas de la antigua villa de Xandulilla, después conocida como Villa de Félix. ¿De dónde procede, la famosa inscripción ibero-latina y la otra mozárabe? Es una incógnita.
Igualmente queda argumentado por la historiografía actual, la de los documentos escritos que mencionan Jódar o el castillo, que sus orígenes no van más allá de mediados del siglo VIII, lo cual, no obstante, hace de Jódar uno de los enclaves documentados más antiguos y ciertos de la provincia, si tenemos en cuenta que la mayoría de las poblaciones anteriores, salvo casos muy concretos, son atribuciones a lugares y topónimos.
La fortaleza actual es el resultado final de un periodo histórico más amplio que abarcaría desde el siglo IX hasta los siglos XVI-XVII, mientras la arqueología no demuestre lo contrario. Escasas, pero muy precisas, son las referencias históricas al castillo durante el periodo islámico, y lo suficientemente significativas para resaltar la importancia política y estratégica que esta fortaleza y Jódar iban a tener en el devenir de la historia hasta el siglo XV. Queda claro que las construcciones en tapial son los vestigios más antiguos que se conservan del periodo musulmán, y salvo estudios arqueológicos que lo demuestren (y que son tan necesarios), ninguna de las dos grandes torres-homenaje son de esta época, sino cristianas, quizás la torre Norte actual tenga como núcleo un torreón musulmán. El castillo, para algunos historiadores, fue la sede de la capital administrativa de la comarca (otros dicen, ya sin muchos seguidores, que lo fue de la Cora de Jaén), entró en la historia con las revueltas muladíes donde adquirió un papel fundamental, hasta el punto de construirse el castillo de Murina para vigilarlo en una zona próxima al Pilar de la Dehesa. La fortaleza que llegó al siglo XIII debió tener una fisonomía muy similar a la de otras construcciones de la provincia: una gran plaza de armas de elevadas murallas de tapial con torres-cubo en cada tramo de su perímetro (se estiman unas siete), una torre-fuerte de tapial como residencia, construcciones menores, y una muralla con torre albarrana.
Tras la conquista castellana en torno a 1229, se comienza a gestar el castillo tal y como hoy lo conocemos, forrándose de mampostería y sillería los muros de tapial y murallas exteriores, construyéndose la llamada torre Vieja o Sur.
Jódar se convirtió en sede, por unos pocos años, del más importante baluarte castellano con la Frontera nazarí de Granada por este estratégico paso del Jandulilla y Guadiana Menor. Su señor, Sancho Martínez de Xodar, fue uno de los personajes más influyentes de la época y Adelantado Mayor de la Frontera. El papel del castillo de Jódar fue similar al que tuvieron ciudades como Lorca o Martos en la Edad Media.
En Jódar encontró Sancho Martínez de Xodar, varios motivos para erigirse en señor feudal: el sostenimiento regio o ayuda financiera de que gozaban las tierras fronterizas, el incrementar su poder con la conquista de nuevas tierras que se agregaban al Señorío y la presencia permanente de un contingente militar que se utilizaba contra los musulmanes y también para intervenir en la política castellana. El castillo tenía, ante todo, un papel simbólico, que constataba la presencia y el poder nobiliario en Jódar, que representaba al Estado. Pronto perdió su papel de mediador entre mudéjares y castellanos y pasa a segunda línea de frontera, convirtiéndose en centro de abastecimiento comarcal, quedando disgregado el importante Señorío creado por Sancho Martínez por las herencias familiares y las ambiciones territoriales de la Iglesia, de Úbeda y Baeza, y más tarde de Granada, ya como ciudad castellana. De la mano de la familia cordobesa de los Méndez de Sotomayor el castillo es reconstruido en 1328, con la edificación de la torre Nueva o Norte, y las murallas de la entonces villa de Jódar sufriendo las llamadas cabalgadas entre reinos hasta mediados del siglo XV, por lo que los reyes dotaron a los vecinos de privilegios y franquicias (el Fuero de Jódar) para mantener la población en un territorio muy peligroso, hasta el punto lo era que en el siglo XIV se aplicó el privilegio de homicianos.
Esta edificación desafiará el poder del concejo y de los monarcas, planteando los vecinos numerosos pleitos, que se irán arrastrando a lo largo de mucho tiempo, por la injerencia de los señores en sus tierras y el excesivo control que imponían a sus vasallos. Sin embargo, los señores continuaron con su estrategia de presión y desafío en Jódar y comarca, comprando silencios de miembros del Concejo (adjudicados como renteros de sus posesiones), sobornando a los más ancianos del lugar para testificaciones territoriales, influyendo en algunos sectores de la nueva hidalguía o el clero para que apaciguasen o confundiesen los ánimos del pueblo, llegando a desafiar a los propios Reyes prescindiendo del Fuero y derechos vecinales en muchas ocasiones. La fortaleza fue sitiada por las guerras civiles nobiliarias del siglo XV (Condestable Dávalos), siendo moneda de trueque en las mesas del poder, sobre todo cuando poderosos señores se hicieron con su control, para intervenir así en el intenso tráfico comercial de la frontera con Granada (Puertos secos), la política en las influyentes Úbeda y Baeza y las dádivas y privilegios concedidos a las tierras fronterizas, de los que la familia Carvajal fue una de las más beneficiadas, por sus políticas de conveniencia y alianzas con el maestre Girón, participando en la sangría que dejó el siglo XV por la ambición de poder de la nobleza.
Para controlar este poder señorial los Reyes Católicos promulgaron una ley de prohibición para construcción de nuevos castillos o fortalezas, así como la necesidad de autorización para reconstruir y reparar los existentes, cuestión a la que parece que Día Sánchez de Carvajal y su hijo Alonso hicieron caso omiso, iniciando una política de usurpación de términos y control comercial, unido a problemas familiares internos por el reparto de la herencia familiar al crearse el Mayorazgo de Jódar. A la vez, intensificaron el férreo control con exageradas penas para los vecinos de Jódar, a través de la promulgación de Ordenanzas Municipales, ampliando el señorío con Bélmez de la Moraleda.
Cuando la familia Carvajal obtuvo el honor y el reconocimiento por los monarcas y la alta nobleza, abandonó la residencia temporal del castillo de Jódar -su casa solariega de Baeza fue arrasada en los conflictos de las Comunidades-convirtiéndose el castillo-palacio de Tobaruela en su residencia habitual cuando visitaban la provincia, ya que era mucho más cómodo y moderno que el de Jódar. Se trasladaron primero a Granada, donde hubo una plazuela denominada del Marqués de Jódar, y después a Madrid, dejando el gobierno al Alcaide y al Administrador, y más tarde al Alcalde mayor o Corregidor, que con brazo férreo controlaron los destinos miserables de la población durante doscientos años más; fueron esporádicas y controladas las visitas, que los ya Marqueses de Jódar efectuaron al castillo, las más de las veces cuando la situación tumultuosa de la Corte exigía quitarse de en medio, comenzando una manipulación de vasallos y un abuso de poder, lo que llevó a los vecinos, en más de una ocasión, a pedir la renuncia de su condición de Marquesado o Señorío en favor de la Corona.
Los enlaces matrimoniales emparentaron a los Carvajal (la que fue pequeña familia de la nobleza provincial), con las más altas y poderosas familias del Estado, por lo que sus descendientes gozaron del poder y las rentas, mientras que su villa de Jódar languidecía en el hambre, las epidemias y la miseria más absoluta, gravada por las cargas excesivas de impuestos y contribuciones y las levas para las continuas guerras que el decadente siglo XVII nos trajo, además del nombramiento a dedo de los cargos concejiles o del Ayuntamiento hasta bien entrado el siglo XIX.
Mientras, el castillo iba deteriorándose debido a la falta de una función concreta, y a los continuos expolios a los que administradores y Alcaides contribuyeron, siendo escaso su uso, sólo como cárcel, depósito de granos y aceite de las rentas del señorío, hospital de coléricos o refugio de mendigos. Fue testigo de las revueltas y motines vecinales que pedían comer, sirviendo de refugio a sus más inmediatos opresores que tenían mal cultivadas las tierras, en poder la mayoría del marqués, el clero y las instituciones eclesiásticas, así como unos cuantos nuevos hidalgos forasteros; su última función militar fue como acuartelamiento francés, en la guerra de la Independencia, cuando se trasladaron a él los cañones del castillo de Cazorla. Después vendría más de siglo y medio de utilizarse como cantera, cuadra y lugar de cultivos, rodeado siempre del silencio, y también de la admiración por su historia de la mano de unos pocos galdurienses y estudiosos, que por lo menos rescataron de viejos legajos su pasado documental, quedando el propio castillo incorporado a la heráldica del escudo de Jódar. No obstante la piqueta lo amenazó en más de una ocasión y sólo la protección del Estado y de la administración andaluza lo libró para siempre de su desaparición y ruina.
Fue la sensibilidad del Ayuntamiento de Jódar y sus diferentes corporaciones, quien recuperó esta venerable ruina poniéndola al servicio de la ciudadanía como espacio cultural y de ocio; su restauración lo hizo más famoso si cabe, mezclándose esa eterna polémica tradición-modernidad, que no gustó a casi nadie. Tras nuevas intervenciones y desechos algunos entuertos, la fortaleza se alza hoy majestuosa como símbolo de un pueblo, espacio para la cultura y la paz, y punto de información para las personas que quieran acercarse a conocer esta antigua ciudad y el parque natural de Sierra Mágina.
Para los habitantes de Jódar el castillo es, sin lugar a dudas: su símbolo. Es mostrado con orgullo a sus visitantes y representa para todos nosotros el origen de esta ciudad de la comarca de Sierra Mágina.
El castillo de Jódar se eleva sobre un gran promontorio o meseta asentada sobre roca viva, con una superficie de 3.540,5 m2, y una superficie construida de 1.390 m2. La forma del castillo de Jódar, observándola en planta, es la de una gran elipse que conforman las dos murallas perimetrales, en cuyos extremos se alzan las dos torres del homenaje gemelas, siendo uno de los pocos castillos que las poseen, así como las de mayor tamaño conservadas en la provincia.
Para el doctor en Historia del Arte, Lázaro Gila Medina “…estamos ante una de las Alcazabas más complejas e interesantes del antiguo Santo Reino de Jaén…”.
Desde la posición del castillo se dominan ampliamente los valles de los ríos Guadalquivir, Guadiana Menor y Jandulilla, con sus importantes vías de comunicación desde la antigüedad, así como el paso hacia Sierra Mágina por La Partición y El Portillo y las sierras de Cazorla, Las Villas, Quesada y parte de la Loma de Úbeda. El castillo contaba además con una serie de torres vigías que, situadas estratégicamente, controlaban el camino Real hacia Granada. Además, la fortaleza estaba unida a Jódar a través de un amplio recinto amurallado que rodeada el espacio denominado Villa Vieja con varias puertas de acceso, que se conservaron hasta el siglo XIX.
No hay aún ninguna prueba documental que atestigüe la existencia de Jódar anterior al siglo VIII, aunque la mayoría de los historiadores actuales muestran indicios que dan por sentada la existencia preislámica de Jódar y su topónimo, conociendo una extensa bibliografía al respecto por lo que nada queda descartado.
La primera referencia histórica sobre Jódar y su castillo fue cuando el valí o emir de Córdoba Abu-l-Jattar al-Husam ibn Dirar al-Kalbi (742-745) asignó el distrito de Jódar a la tribu siria de Quinnasrín (del linaje de Qays) en el año 744, asentándose su temido e influyente jefe al-Sumayl y sus descendientes, según el Yamhara, en el castillo de Jódar; años más tarde se cuenta como < 16ptSumayl>“presenciaba el saqueo de su casa recitando versos desde una colina próxima y marchó enseguida al castillo de Jódar”. Jódar como espectador de las disputas y guerras internas tribales en el seno del yund de Qinnasrin debió de ir configurando una fortaleza de mayores defensas y dimensiones hasta finales del siglo IX, cuando se menciona que entre los años 880 y 890 el poderoso Ibn al-Saliya pudo construir la fortaleza, junto con otros castillos de la comarca, preparando ya la revuelta muladí.
En el documento que menciona la muerte de Jayr B. Sakir se dan importantes noticias sobre el castillo de Jódar de aquel año de finales del 890: la solidez de la fortaleza, el ingreso al mismo por un oscuro zaguán abovedado, la presencia de un alcázar, de una torre homenaje, así como de una sala de honor; estas descripciones pueden concordar con la actual zona donde se ubica la primitiva entrada a la fortaleza que presenta el mismo zaguán defendido por una gran torre de tapial, hoy todo en ruina, junto a la llamada torre Norte del castillo, construida también en tapial hacia su mitad y que creemos pudo ser la primitiva torre del homenaje, por su fábrica interna en tapial.
Durante el reinado del califa almorávide Ali ben Yusuf (1106-1143) se establece un impuesto especial para construir y mejorar las fortificaciones, probablemente de esta época sean los restos más antiguos conservados del castillo. En el “Museo de Jódar” se conservan importantes restos de fustes y capiteles hallados en el castillo y calles adyacentes de esta época. Con la ocupación almohade en 1161, Jódar debió de incrementar su población en torno a los 1.000 habitantes por las dimensiones de su mezquitas, de tres naves sostenidas por columnas de mármol, siendo de esta época la mayoría de cerámica vidriada encontrada en la población y los restos de murallas de tapial del castillo; las obras almorávides se mejoraron por los almohades con innovaciones como las puertas en recodo, bastiones octogonales, corachas… En el año 1153 el geógrafo Edrisi decía que Jódar era “gran fuerte delante de Baeza (Biesa)”, Yusuf I (1163-1184) amuralló las principales ciudades construyendo castillos fronterizos recuperando para sí a Quesada en el año 1171.
Hoy se cree que los almohades fueron los que instituyeron una imagen “oficial” de la arquitectura militar.